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16 abril 2014

Tan solo






Instantes antes de vernos
en aquella esquina porteña,
presentía que el entorno
sería nuestra cárcel.

Aunque en el beso del encuentro
el cielo temblase.

Hoy sé que estamos a salvo,
de esas penumbras
que otros llaman universo.

Y nosotros únicamente,
llamamos nuestro mundo.

Juan


Solo cuando hagamos el amor,
perderé esta paz simple y cálida.

Tan solo en ese momento,
la sonrisa volverá a ser mía,
y el sol, será aquel sol.

Habrá un milagro y el jazmín
aún desde su ausencia,
volverá a perfumar
algún lugar
de tu balcón de despedidas,
hoy del silencio.

Solo cuando hagamos el amor,
el cielo será infinito,
la claridad me otorgará presencias
que me llevarán de la mano
al vértigo de vivir.

Tan solo en ese momento,
nacerá en mi cuerpo,
la sensibilidad de las caricias.
Tus labios me descubrirán
una y otra vez,
dejándome llevar por tu mirada,
que siempre me invita
inevitablemente a soñar.

Solo cuando hagamos el amor,
sabré que no acabaré en soledad,
que la vida es tan solo un camino,
y que la muerte también lo es.

Solo cuando hagamos el amor,
no habrá pasados gastados,
ni rencores deshilachados.
Todo se inundará
de un futuro añorado,
juntos en profunda espera,
mientras los adoquines,
nos saludarán entre risas
consintiendo la verdad
que el amor nunca muere
cuando es auténtico.

Tan solo en esos momentos,
como dijo Julio

"No haremos el amor
sino él nos hará."
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10 abril 2014

Aparición urbana






Siempre me pregunto
que ha sido de aquel poema
parido por tu amor.
Aquél que no pude atrapar
aunque haya pasado
frente a mis ojos
agonizando
con su esperanza rota.

Juan


Ya el sol no brillaba 
con su aliento a recuerdo.
Todo estaba en calma,
solo permanecía,
un raro olor a jazmín
robado de las rosas
que volcaban lamentos 
sobre sus tallos erguidos.
Quién lo diría,
sin saber, una vez más,
era un día bendecido.

Tan solo llevaba
(sin pena alguna),
unas pocas ilusiones
hilvanadas por la luna,
cerquita de su corazón.
Volaba por la ciudad,
con la mirada perdida
y una mueca tranquila.
La sonrisa lo abandonaba
dejándolo sobrio,
para sentir con nitidez
en su recuerdo,
la calidez de sus manos,
el brillo de sus ojos,
sin saber aún que era verdad.

Había llegado.

Ebrio de recuerdos, sonrisas,
momentos y madrugadas,
volvió a sonreír su corazón,
se miró de arriba hacia abajo,
como no creyendo quién era.
Sintió las identidades,
que él mismo fue
y ya no le pertenecían.

Confundido notó que no era
ni un caballo con ojos de santo,
ni un ángel, como dice Oliverio

Era él, con una nueva alegría.
Era simplemente él.

Y todo, tan solo,
por una aparición urbana.


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