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27 noviembre 2006

La muerte de un sueño


Cuando el tiempo pasa, y en su loca carrera devora el espacio, anuncia que el momento llegó.
Que la agonía ya no puede posponerse, porque el sueño, simplemente el sueño, tendrá que morir.
Muere antes de llegar al fin, no envejece y sin duda no se corrompe.
Queda latente como lo mas puro e inviolable de los sentimientos perdidos.


Sueña el sueño con lo que hay que callar,

sueña el sueño, con lo que hay que recordar,
sueña el sueño con lo que hay que olvidar,
y sueña el sueño antes de morir... a lo que hay que amar.

El final se acerca, y el sueño le dice adiós al soñador, una muerte anunciada, sabida, que no es mas que el paso a la realidad.

Juan

Hay cosas peores que estar solo, pero a menudo toma décadas darse cuenta de ello, y más a menudo cuando esto ocurre es demasiado tarde, y no hay nada peor que...un demasiado tarde.

Charles Bukowski

22 noviembre 2006

Nuestro

Cruzarse las miradas,
encontrarse los labios,
cederse las lenguas,
mezclar los sudores,
cambiar los alientos,
tomarse de las manos,
fundirse los pechos
los vientres,
los sexos...
Mi piel te abraza en tu mundo,
y sin darme cuenta,
siento,
que me crecen alas y vuelo.

No existe lo tuyo y lo mío
Solo lo nuestro...

Juan

17 noviembre 2006

Has tenido


Tuviste mi alma en partes,
mi sudor en caliente,
mi locura, capaz de alterarte,

mi aliento, mi sueño, mi sabor,
tuviste mis besos tocándote el alma
mi hombro acunando tu sueño

Tuviste en cada beso

trozos de mi vida,
en cada abrazo
ganas de consumirte,
me tuviste devorándote
lamiendo en tu abdomen
saboreando tu espíritu

No extrañas algo que te di,

sólo necesitás todo lo que ya no te pertenece
ni a vos ni a nadie...


Simple, es nuevamente mío.

Juan

13 noviembre 2006

Alfonsina


Repasando libros, me encontré con Poemas de Amor, ya amarillento por el paso del tiempo de una de las mas grandes escritoras, Alfonsina, la célebre Alfonsina, que hasta su muerte cubrió de poesía.

Como entonces no hablar de ella.


Estoy convencido que dejó en sus cuadernos descripciones de paisajes que anochecían bajo sus versos, siempre tan vigentes, siempre tan plurales, siempre tan puntuales.


Seguramente si se pudiese encontrar con sus lápices, recordaría sin más trámites el olor de sus amadas rosas, pero él huyó, dejándole sobre sus manos, grietas, lágrimas y dolor, pero él... él huyó.


Cuando decidió partir seguramente que enmudecieron los segundos con el sol, y sin más trámites la nieve lloró, pálida.

Ella es recordada, con un dejo de tristeza y una sonrisa amalgamada, con certeza algún lienzo la tiene perpetuada a las orillas del algún embalse, donde el agua sonreía en sus caderas. Es recordada porque su piel estremecía. La recuerdan porque dejaba su pelo a merced de las brisas, y seguramente, despacio, muy despacio, él se acercaba a ella, pero después... huyó.

Todavía se la puede ver en fotografías blanco y negro, oscurecidas y virando a sepia por el implacable paso de los años, con el infaltable borde recortado, según estilo de la época. Ella posa. Mantiene firme el sombrero sobre su mano con elegancia y sonríe. Se le puede notar la dicha sobre su nuevo coche, y él, la mira mientras saluda, con el clásico saludo de los que abandonan para siempre, de los que repiten historias, y hacen de su cobardía su bandera.

Pobre mi Alfonsina todo lo sabía, pero eso no, su corazón nublado de amor, no le permitió tener la vista diáfana. Pero está, aún está, nunca se ha ido y como dicen por ahí, no se ha ido, “solo tomó distancia”, y merodea en su casa. En su salón aún cuelgan sus gustos, y en los cajones esperan libros olvidados, y quedan las sombras de aquellos cuadernos que fueron vendidos para luego ser vilmente repudiados.

Tomó distancia, estoy seguro que volverá, y podrá explicarnos porque un alma llena de pinceladas color oro, y aroma a tulipanes, decidió entregar su amor a él, de quién estoy seguro no volverá, como todos los que huyen, repiten historias y sin jugarse hasta el final, como todo cobarde.

Pero ella, seguramente, ella volverá, como vuelve en cada poema.

Juan


02 noviembre 2006

Ese rincón


Entre velas y tangos,
en ese rincón secreto de tu dormitorio,
detrás de tus prendas más íntimas y ocultas,
se esconden trozos de una ilusión guardada.
Aquella primera simiente
enterrada una madrugada
en lo mas profundo de tu alma,
hechó raices y creció
bajo el calor de tu placer.

Placer de mujer entera
Placer de mujer rendida al amor

Rincón de la ilusión prohibida
Rincón de temblores
Rincón que te hacía mas hermosa, mujer.
Mujer de miedos y prudencias.
Mujer, mas mujer, en ese rincón.
En ese rincón,
donde mis palabras se mezclaron con tu aliento,
sacastes, con temor, mis palabras prohibidas
una y otra vez fueron dichas y oídas
y cerrabas tus ojos, entre un sueño y un beso.

Me los llevo, te los robo
ese beso y ese rincón...son míos

Juan