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04 noviembre 2009

Pensamientos

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No siempre el agua es vida,
ni solo el agua es la sed.
No todo el barro viene de la lluvia
ni todos los cuerpos traen deseo.
Una sombra no significa que existe luz,
pero la luz se apaga cuando parece más brillante.
Ni una puñalada en el cielo produce tormentas,
aunque la esperanza provoque sueños,
no siempre la realidad los asesina.

Juan






Pareciera que todo está escrito, poca es la distancia entre la locura y la maldad, o de un triste poema amor, una caricia y una mano en el hombro, a un tiro en el paladar, todo tan próximo que asusta.

Miro con hipocresía como se vuelve de la vida sin ilusiones, a un "estoy bien esta noche", como se disimula la sospecha, se abandonan lo códigos y la traición termina teniendo nombre y apellido. Seguramente para sembrar el dolor y el resentimiento que se lleva dentro, en matrimonio con su pobreza de espíritu, para no sentirse solos en su cautiverio de no existir. Nada podemos hacer, seguimos perdiendo día a día una batalla más por la dignidad.

Todavía algo nos queda, levantar la vista y mirar al cielo, tomar el ejemplo de los pájaros que no necesitan pasaporte para residir. No poseen libretas habilitantes y anidan en los campanarios de las iglesias, sin necesariamente pensar en Dios.

Hoy me siento como un beso melancólico, un tango rezongón, un gesto de dolor disimulado, una sonrisa y un luto, o un verso sin terminar. Quizás mañana o tal vez mañana, pueda cambiar la historia, y me sienta con sexo pleno sin despedidas, varios orgasmos y varios te quiero a la vez, o una promesa real con los pies sobre la tierra, o porque no, como un tango cantado por la Gata Varela, otra vez... quizás mañana. Otra vez un atisbo de esperanza, como quién cree estar en el mar cuando lo escucha en los restos de una caracola.

Por eso no siempre se puede conjugar el verbo Esperanza, ni su auxiliar Eterno. Pero igual seguimos en este camino llamado vida, como si supiéramos conjugarlos, con el "nunca más" a flor de labios, o con un "tal vez mañana", como si fuéramos dueños del tiempo.

La lluvia me visita, detengo la música, miro por la ventana, y veo como las hojas llenas de vida, cambian su ciclo y renacen tapizando ramas con un nombre grabado en cada una de ellas, Borges, Pizarnik, Bukowski, Girondo, Alfonsina, Benedetti, Sabines.

Busco refugio, recorro lugares escritos, en ellos hay cielos literarios, completos de nubes y obras de arte maravillosas, encuentro mis palabras en otros sentires, mis pensamientos plasmados en otra pluma, me doy cuenta que no estoy solo en las formas, y eso ayuda.

Sigo recorriendo literatura y leo poemas llenos de amor y deseo que me dejan pleno, como los de Ignacio, o la poesía sutil, dulce y melodiosa de María Varu, y porque no las sensaciones de Estercita o las tan originales y punzantes de Sil, que llegan hondo, casi son pura esencia, o el perfume de los pequeños poemas de Cecy y sus madrugadas, y así todos y cada uno de mis compañeros, sin olvidar a ninguno con lo suyo. Cierro los ojos, y me quedo con eso, con esas lecturas limpias, transparentes, sólidas, como tantas otras que circulan por este mundo virtual.

Vale la pena entonces imitar a los pájaros, anidar donde sea, ser libres en cada aleteo, enamorarse cuando sea y como sea, y hasta morir en el intento. Los recuerdos no ayudan, si no te ayudan. El dolor no se va, si no lo sacan. El olvido no llegará, pero si cambiará de sabor, mutará de salado a rancio, y de rancio a nada, y volverá a cerrar el círculo para ser recuerdo, eso solamente, un triste e insípido recuerdo.

Entonces tenemos la obligación de ser feliz, sin nada, pero finalmente ser feliz...

Juan

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