Son pobres aquellos,
a quienes le sobran las palabras
y no se deciden a volar.
Hasta los sueños,
Hasta los sueños,
los abandonan en el tiempo,
yéndose de viaje,
con sus lunas en el bolsillo
y las ilusiones en la maleta.
Solo observan/
aún esperando una mirada final,
aún esperando una mirada final,
y ni siquiera se produce
para decirles
para decirles
Adiós.
Juan
Llevo en mi equipaje de vida,
una maleta llena de sonrisas,
para tomar con optimismo,
esta realidad, tan difícil de entender.
Si hasta cuando cierro mis ojos,
el mar es un pasaje estrecho
en mi mente, que solo puedo atravesar
sobre mis palabras.
Algún "quizás mañana",
unos libros de Sabines y Benedetti,
reviven viejas cicatrices,
que ya, ni para cicatrices sirven.
Pero aún recurro a mi maleta,
sonrío, y juntos transitamos
este hermoso camino llamado vida.
En los atardeceres suelo recordar
aquellos rostros del amor,
ellos me han dejado una bella luz
en la memoria, y un gusto a miel
con pan recién horneado.
Momentos que volvería a transitar.
con pan recién horneado.
Momentos que volvería a transitar.
Aprendí poco a poco, hasta logré
amar la paz/ y a tratar esa costumbre
que vivía en mi, de llevar
la guerra en la sangre.
Sigo cada vez más vivo y sonriente,
aún con ganas de volar e
intentar poblar la casa del viento.
Ese viento que precisamente
nunca tuvo casa.



